Qué fue de mí, qué es de mí, y qué viene

Alguien revisa certificados y cuadernos de apuntes sobre un escritorio de madera, con laptop, paleta de colores y notas dispersas alrededor.

Hace poco, revisando mis apuntes, me puse a exportar mis certificados de Platzi. Setenta cursos, de noviembre de 2020 a abril de 2026. Los vi todos juntos, en una sola lista, por primera vez. A primera vista parece algo disperso y sin sentido, pero con todo el contexto es parte del camino: las subidas, los bajones, tanta actividad, cambios de rutina, oportunidades que se aparecen. Y ahí entendí algo que llevaba años sin nombrar: no fue aprendizaje disperso. Fue la vida llevándome de un lado a otro, y yo sin quedarme con la duda en ninguno.


Lo que fui

2020 y 2021 fueron una explosión. Fotografía, Illustrator, Photoshop, teoría del color, marca personal, copywriting, content marketing, finanzas personales, hasta un curso de NFTs y blockchain — porque era 2021 y todos hablaban de eso. Casi cincuenta cursos en año y medio. Si lo ves desde afuera, parece que no sabía qué quería. Si lo ves desde adentro, era exactamente lo contrario: quería probar todo antes de decidir en qué quedarme.

Ahí también empezó el inglés — y sigue, años después, sin que sienta que avancé lo que me gustaría. No es que no le haya dedicado tiempo: siempre estuvo ahí la idea de un sueldo distinto, de otras oportunidades, y esa presión hace que cualquier avance se sienta insuficiente. Es como tener 1046 días de racha en Duolingo y sentir que aún no lo dominas — el número ya juega a tu favor, pero también te ata: mantener la racha se vuelve la meta, no aprender de verdad.

"No busqué el corte de madera. La vida me llevó ahí. Y cuando llegué, no dije que no — toca aprenderlo, ejercerlo, dar el siguiente paso. Las vueltas de la vida."

Ese es el patrón real, más allá de los certificados: cosas que no planeé me llevaron a aprender cosas que tampoco planeé. Sketchup llegó así, por un trabajo de corte de madera que no busqué pero que me tocó ejercer. No lo lamento. Es simplemente cómo se construye una base amplia — no siempre por mapa, a veces por terreno: fumigación, Movistar, la taquería. Todo suma, todo enseña, y deja amistades.


El puente

De toda esa exploración, el diseño fue el que no se quedó en certificado — y es que siempre lo busqué, desde hace quizá 9 o 10 años. Empecé ahí, en Platzi, y años después esto se volvió mi trabajo real — Diseñador Gráfico, todos los días. WordPress, content marketing, copywriting: hoy son literalmente el motor de Guevaratun.com y de todo lo que construyo alrededor. La fase "dispersa" de 2021 no fue tiempo perdido. Fue la base técnica de todo lo que vino después, aunque en su momento no lo pareciera.

Ilustración 3D de íconos dispersos — cámara, rueda de color, tipografía, código — convergiendo en una pantalla de laptop iluminada en azul.

Lo que soy ahora

Entre 2022 y 2024 el ritmo bajó — unos pocos cursos sueltos, sin foco claro. Y entre 2025 y 2026 hubo un giro que sí reconozco como distinto: C#, Unity, Game Design. Cuatro cursos completos, con examen incluido en uno de ellos. Esta vez no me quedé solo con el certificado — fui clase por clase, tomé notas de las veinte, de las veintidós, de las veinticuatro clases de cada curso. Es la primera vez que veo esa profundidad en algo que no es diseño.

Eso me dice algo: cuando el interés es real y no solo curiosidad de época, se nota en cómo estudio, no solo en cuántos cursos tomo.


"La amplitud no fue el problema. El problema es competir por el mismo tiempo de fin de semana entre seguir probando y terminar lo que ya empecé."

Ilustración 3D de piezas y módulos dispersos convergiendo, ordenados por líneas azules, hacia una laptop abierta.

Lo que viene

Quiero retomar 2026 en serio — lo empecé bien con los cursos de programación, pero el resto del año se quedó a medias frente a lo que planeé. Y esta vez quiero hacerlo distinto: no solo apuntarme a otro curso y esperar que la constancia aparezca sola. Quiero seguimiento real — sobre todo con el inglés, que es donde más se me ha resistido y donde más pesa. Ejercicios, práctica, algo que no se sienta como empezar de cero cada vez.

Y con la programación, seguir el mismo camino que ya funcionó con el diseño: no dejarlo en certificado. Construir algo con eso. Publicar el proceso, como este mismo post.

Setenta cursos después, la pregunta no es cuántos más voy a tomar. Es cuáles de esas setenta semillas darán su fruto ahora.